12 de noviembre de 2018

Cómo sobreviví a vuestra madre (Survival Zombie de Alovera)



Sábado 10 de noviembre del 2018 
Alovera (Guadalajara) 

La empresa armamentística CSR ha llegado a la localidad de Alovera para realizar pruebas con sus nuevas armas. El lugar tiene las condiciones óptimas necesarias, pero hay un problema: desgraciadamente para ellos, no pueden hacer estas pruebas en una ciudad habitada. 

Es por eso que están decididos a acabar con toda persona viva en la localidad y han enviado al especialista en zombis Erik Wright para hacerlo. Erik no descansará hasta lograr su objetivo: que los zombis arrasen con toda la población y no dejen supervivientes. 

Algunos habitantes ya abandonan el pueblo por miedo. 

¿Te unirás a los mercenarios de CSR o aguantarás con la gente del pueblo? Elige tu bando. 


          Con esta inquietante premisa comenzó un nuevo “aquí te pillo, aquí te como” por parte de World Real Games (WRG). En esta ocasión y como acabáis de leer, la localidad escogida para tal magno evento fue la diminuta pero acogedora Alovera, en donde nuestra Contramaestre Nindë suele alojarse tras un arduo día en la mar, por lo que de partida, contábamos con la ventaja táctica de conocer el terreno… aunque de poco sirvió, por que más de una vez las pasamos canutas tratando de huir de hordas de no-muertos, emboscadas de velocistas putrefactos y, sobre todo, de un maniático zombi que nos tenía fichados y no hacía más que perseguirnos cual malo chusco de la saga Resident Evil. 

          Pero no adelantemos acontecimientos, antes de nada, comentar que me sorprendió gratamente lo bien organizado que ha estado el evento (en comparación con otros y, en especial, con el fiasco de la edición de Madrid). Aunque Alovera es pequeño y podían haber usado toda su superficie para la realización de las pruebas, optaron por acotar el terreno de juego a unos 3 o 4 kilómetros cuadrados, centrando todo en un área específica que si bien, dicho así sin más puede sonar a poca cosa, en realidad hizo que todo fuera más dinámico, emocionante, arriesgado… y sin duda, divertido. 

          A título personal, por primera vez en mucho tiempo (y ya he estado en varios de estos eventos) las pruebas a superar han estado a la altura: no se han hecho “tejemanejes” extraños, las pautas estaban bien especificadas y preparadas (aunque con sus dosis de misterio) y podías disfrutar como un enano con algo tan simple como intentar coger un bastoncillo de un callejón sin salida infestado de zombis. No sé si conscientemente o no, pero la ubicación de estas misiones junto al mapeado de Alovera hacía que cualquier paso fuera un riesgo, ya que al torcer una esquina corrías el riesgo de encontrarte con un zombi… y encima de los que corren, que no sé que se habían tomado para esta edición, pero más de uno era como Usain Bolt en modo récord mundial. 

          Como punto negativo (aunque puedo llegar a entenderlo dado el alto número de jugadores) comentar que al final de la noche las cosas se empezaron a descontrolar un poco: algunas de las pruebas se entrecruzaban, los personajes con los cuales tenías que hablar desaparecían, los objetos de las misiones se acababan… todo esto sumado a que cada vez había más zombis y menos supervivientes, hizo que alguno empezara a perder los nervios. Por suerte, no pasó nada del otro mundo y salvo los cuatro idiotas de siempre que quieren dar la nota, todo pasó sin incidentes. 

          Así pues, hecho ya este resumen técnico tan mono, voy a proceder a contaros como (más o menos) sobreviví a vuestra madre… no, espera… eso es de otro sitio. Bueno, ya me entendéis. 

          Una vez en la hermósida población de Alovera, junto a Nindë y Mr. Tony como miembros del equipo Piradrows, partimos hacia el Check-in del evento, el cual se situaba en la Piscina Municipal, pero antes… 

―¿Habéis visto Independence Day? ―pregunté. 
―Sí… ¿Por? ―contestó Nindë. 
―El purito de la victoria ―dije sacando tres mini puros del bolsillo― pero sólo para cuando acabe la tormenta. 

          Tras un rato bajo una escueta lluvia que te deja calado y al tener ya nuestros pañuelos verdes de superviviente, nos dirigimos a la Plaza Mayor para ver el inicio del juego, en donde se realiza una pequeña actuación para poner en antecedentes a los jugadores. Por desgracia, debido al alto número de participantes (y al estar tanto rato en el Check-in), llegamos justo cuando estaba acabando, por lo que solamente pudimos ver como un militar calvo con mala leche (el señor Erik Wright), apuntaba amenazadoramente a una mujer que parecía estar en contra de sus planes. Como curiosidad, decir que en este momento el público empezó a abuchear a Erik y llamarle de todo (la gente ya estaba metida en sus papeles), por lo que apenas se oía nada de lo que decían los… 

―¡¡Callaos de una vez joder, que no me entero!! ―gritó Nindë tan alto que hasta los actores se callaron. 
―Te noto nerviosa… ―comenté alejándome un poco por temor a represalias. 
―Es que así no hay manera de saber qué hacer ―respondió como si nada y poniéndose en modo radar para captar cualquier información de la trama. 

          Al final, todo se resumía en militares chungos que querían censar (léase, dar “matarile”) a la gente de Alovera debido a unas pruebas biológicas que estaban haciendo. En el otro bando, los residentes que no querían abandonar su hogar, cuyo representante fue la mujer que comentaba antes y que, con las enigmáticas palabras de “hay unos documentos escondidos que debéis encontrar para ayudarnos”, dio por cerrado el acto de apertura. 

―Pero si no ha dicho nada… ¿Qué hay que hacer? ¿Dónde están esos documentos? ¿Preguntamos a alguien? ―el modo aventura de Nindë ya estaba en su máximo apogeo. 
―A ver, habitualmente nunca te dan una pista clara de cómo empezar ―intenté explicarla― pero por lo general la primera prueba no suele estar muy lejos. Basta con callejear un poco y en donde veamos un grupo de zombis o gente agolpada… ¡eureka! 
―Yo creo que estos símbolos pueden significar algo… ―dijo Tony viendo el mapa que nos habían dado en el Check-in― ¿Veis? Esto puede ser correos y esto una farmacia… 

          Así pues y con Nindë a la cabeza, dispuesta a darle “pal´pelo” a todo zombi que se cruzara en su camino, fuimos a Correos. Ahí vimos que no éramos los únicos con la misma idea, pero para nuestra desgracia, no encontramos pistas ni nada parecido en el lugar, por lo que volvimos sobre nuestros pasos y tras oír algunos rumores que apuntaban a la Biblioteca Municipal, allá que nos fuimos viento en popa y a toda vela. Aquí la cosa ya empezaba a complicarse: el simple hecho de acercarse a la Biblioteca era un riesgo debido al número de zombis que había. Por fortuna, al ser el inicio del juego también había muchos supervivientes, por lo que tras unas cuantas carreras y rodeos logramos despistarlos e ir a por nuestra primera prueba. 

          Samara (sí, como la niña de The Ring), nos dijo que nuestra misión, si decidíamos aceptarla, era ir a una calle cercana al Juzgado de Paz a por un bastoncillo y llevárselo de vuelta. Bien, parece sencillo… lo que no era sencillo era buscar en el mapa una ruta segura, ya que los zombis corredores empezaron a hacer su aparición por doquier y no había lugar en el cual detenerse un segundo a elaborar planes. Menos mal que vamos bien de cardio, que si no… 

          Finalmente, tras un par de carreras más llegamos a la calle en cuestión. Fue fácil localizarla, solamente había que seguir los gritos y los “uuurrgg” de los zombis. El “punto de extracción bastonil” era un poco puñetero: un estrecho callejón sin salida con una pequeña torre de ladrillo al fondo y coches pegados a las paredes… ¡Ah! Y con dos zombis pululando entre medias. Si a esto le sumas la gente que había intentando pasar la prueba, los zombis extra que venían de la otra calle y que estaba lloviendo, la situación no podía ser más de Walking Dead. 

          En un acto de valentía (o de estupidez, según se mire) y aprovechando que uno es delgadito, me colé por el pequeño hueco que había entre los coches y la pared hasta llegar al fondo. Tras un par de vueltas buscando no encontré ningún bastoncillo… ¿será posible, todo este rollo para nada? Menos mal que un simpático superviviente me dijo dónde estaban: en un embarrado charco al lado de la rueda de un coche (ya podía estar yo dando vueltas). Una vez con el objeto en mi poder tocaba la parte peliaguda: salir por patas. Por suerte, mi as en la manga es la estrategia “Por la izquierda” (quien haya visto Capitán América: El Soldado de Invierno, entenderá la referencia), así que mientras los zombis me daban la espalda dirigiéndose hacia la muchedumbre, salí de mi escondrijo cual correcaminos y les pasé al lado, ocultándome rápidamente entre la gente (o posibles cebos) que había agolpada en la calle. 

          Tras reunirme nuevamente con Nindë y Tony, echarse otro par de carreras esquivando zombis y llegar finalmente donde Samara, ésta nos reenvía a buscar a Erik el calvo para recibir nuevas instrucciones. Aquí, nuestro militar de malas pulgas nos amenaza de mala manera y nos separa en dos grupos, haciéndonos preguntas de cuando en cuando sobre el origen de los zombis, de dónde éramos y demás temas transcendentales. Entre medias, un grupito de flipados, con el padre como máximo exponente de tan sobrado orgullo, nos dejó de piedra pómez al ver lo en serio que se tomaba el juego, hasta tal punto de hacer callar a su propio hijo y ponerle caras para hacer lo que él decía… vale que te metas en el papel, pero esto no deja de ser un juego y el ponerte en modo survival extremo no es que sea divertido, vamos, digo yo. 

          En fin, continúo. Erik el calvo nos manda buscar y seguir a un zombi peculiar, uno gordo y muy viejo (solamente rellenito, según Nindë) que era el marido de la concejala. El susodicho, aún mantiene leves momentos de cordura y se espera que ronde cerca de la casa de su mujer, Teresa, por lo que la misión consistía en localizarle, ver por donde se mueve y si hace algún movimiento extraño, investigar y volver con la dirección de la concejala para que Erik fuera a por ella. Nos da una dirección aproximada y nuestro grupo debe partir en su búsqueda, mientras que el otro, se encargará de conseguir unos tornillos y unas tuercas. Aquí, pese a tener que ir en masa grupal (cosa que no me hacía mucha gracia), el Equipo Flipado se adelanta y nos deja atrás… perfecto, ya no tenemos que buscar una excusa para ir por libre. 

          Aquí he de reconocer que tuvimos suerte, ya que nada más llegar a la ubicación encontramos al zombi, uno muy tranquilito que ni atacaba ni corría (ya era hora, no habíamos parado ni un segundo desde que empezó el juego) al que decidimos llamar “Zombi afable”. Nuestro amigo, muuuy despacio se metió en una pequeña calle, se detuvo frente a un portal y acto seguido se plantó frente al telefonillo, momento que aproveché para seguirle, esconderme junto a un coche delante del portal y fotearle. Tras un breve momento de inactividad, con Nindë y Tony vigilando la entrada del callejón, el zombi afable salió de su ensimismamiento y se marchó hacia el horizonte… El Equipo Flipado también estaba presente, haciendo pesquisas al más puro estilo CSI y haciendo fotos al buzón, tras lo cual marcharon con cara de satisfacción, como quien acaba de resolver un misterio ancestral. Yo, mientras el resto de la tripulación seguían en alerta de posibles amenazas, me acerqué al buzón y me desconcertó lo que vi: teléfono de atención al cliente… ¿y esto te dice donde vive Teresa? Hay que ser membrillo… bueno, modo Sherlock activado. 

―Revisemos las pruebas: papeles de publicidad rotos en el portal, el buzón obviamente es irrelevante, zombi afable que se detiene en el telefonillo… mmmm… ­―me acerco al telefonillo― el telefonillo no tiene nombres… ¿Cómo sé que en verdad esta es la casa de Teresa? ―y entonces, miro dentro del portal― ¡Los buzones! Es una idea un tanto alocada, pero… se supone que esto es en plan realista, de haber algo, tiene que ser aquí… cachis, veo menos que un ciego en un campo de tiro, menos mal que me he traído linterna ―ilumino dentro del portal, tratando de leer las etiquetas― ¡¡Teresa, segundo piso letra C!! Aaahh… me encanta que los planes salgan bien. 

          Con la valiosa información en mi poder, volvemos con Erik el calvo para nuestro reporte, aunque nos toca esperar un rato ya que, varios grupos de supervivientes ya estaban con él y tenía que hacer su clásico “poli malo, poli malo” para informarles de las pruebas. Una vez los despacha, pide a un miembro de cada grupo que se acerque y empieza a preguntarnos qué habíamos conseguido. 

―¡Señor, el sujeto se paraba a mirar niños y a veces tocaba algún coche! ―dijo uno muy metido en su papel. 
―Eso es un comportamiento completamente normal. Les dije muy claro que busco acciones anómalas… eso no me sirve para nada ¿Alguien más? ―respondió secamente Erik. 
―Sabemos la dirección, señor: calle Tres Marías. He hecho una foto al buzón y sabemos el portal ―dijo altivamente el representante del Equipo Flipado. 
―¡Nosotros también la sabemos! Es la calle Tres Marías ―respondieron varios acoplados que claramente no tenían ni idea. 

          En este punto, noté que Erik (más bien, el actor detrás del papel) esperaba que los jugadores indagaran más, ya que nos pidió la dirección exacta… pero bueno, si nadie tenía más información no era plan de hacer volver atrás a todo el mundo. No obstante, su cara cambió por completo cuando escuchó una escueta frase, levantando una ceja y dando, si cabe, más miedo que cuando se pone en modo Terminator. 

―¿Sirve de algo si le digo el piso y la letra? ―dije de forma chulesca para fastidiar al del Equipo Flipado― Es el 2º C, lo he comprobado viendo los buzones. 
―Perfecto. ES lo que quería oír ―dijo Erik volviendo a meterse en su papel― Denme sus mapas para que se los selle y… 
―¡¡Eso es Arturo!! ¡¡Uuuhhooo!! ―gritó Nindë emocionada a unos cuantos metros. 
―¿¡Qué ha sido eso!? ―preguntó un molesto Erik. 
―Eeehh… ¡Ppfff! A saber, cualquier chaval… jejejeje ―dije como quien no quiere la cosa mientras le hacía señas discretas a Nindë para que se callara. 

          Una vez con el sello, tocaba volver con Samara a la Biblioteca para saber qué hacer. Como viene siendo habitual, los escasos 500 metros que había se convirtieron en toda una odisea debido al número de zombis que había, teniendo que dar varios rodeos para llegar. A partir de aquí, un zombi con camisa blanca de los que corren que se las pelan, se obsesionó con nosotros. Lo imagino porque, aunque al principio siempre te dan un poco de margen para pillarte, éste zombi en concreto no tuvo en cuenta que tanto Nindë como un servidor corremos que da gusto, por lo que por más que lo intentó (y fueron varias veces), no pudo pillarnos. De ahí que cada vez que nos veía venía enfilado el muy… 

―¡Zombis! ¡Escondámonos a la sombra de este muro hasta que pasen! ―dije al grupo. 
―¡Esto está lleno! Va a ser complicado llegar a Samara… ―comentó Nindë pegándose a la pared. 
―Chicos, creo que nos está mirando… ―dijo Tony completamente despreocupado y estando casi a plena vista. 
―¿¡Qué!? ¡Pues escóndete, que no te vea! ―susurramos Nindë y yo casi al unísono. 
―Sí… me ha visto. Viene hacia aquí. Es la de verde, la que corre ―sentenció Tony sin inmutarse. 
―¡Aaagghh! A correr otra vez… ―dije sin aliento. 

          Finalmente llegamos a Samara, quien esta vez nos encomendó ir a por unos filtros para unas máscaras de gas (vamos, discos desmaquillantes) a un parque cercano. Como precaución, nos echó colonia Nenuco, que al parecer es un poderoso repelente de zombis si vas discreto y te mueves como ellos, por lo menos en la zona del susodicho parque. No obstante, mientras llegas es un problema, por lo que como ya viene siendo habitual, tuvimos que dar varios rodeos y pegarnos algunas carreras hasta llegar al oscuro parque… digo oscuro porque apenas había farolas encendidas y no sabías bien quién era zombi, quién era superviviente y quién era foráneo del lugar haciendo botellón. 

          En esta ocasión, el héroe de la misión fue Tony, quien valientemente y al más puro estilo Jackie Chan, consiguió el filtro prácticamente ante las narices de un zombi. El asunto es que en mitad del parque había una pista de skate o “bañera”, como dicen los entendidos, en donde se supone que tenían que estar los filtros… pero nada de nada. Éramos muchos los supervivientes ahí metidos: unos con linternas, otros con el móvil, otros a pelo… en ocasiones oías a alguien decir que lo tenía, pero al segundo siguiente no había filtro alguno ¿Y entonces? ¿Cómo lo ha encontrado si acabo de pasar por ahí y no había nada? Algún indignado decía que los habían robado los chicos que estaban en plan botellón en el parque, pero sabiamente, Tony pensó que si fuera así los zombis ahí presentes (personas de la organización al fin y al cabo) les habrían dicho algo. Total, como decía, el único que encontró el patrón de juego fue Tony, quien observó que uno de los zombis a veces se hurgaba los bolsillos y arrojaba algo a la bañera: los filtros. Él, ni corto ni perezoso y en modo zombi (recordad lo del repelente), empezó a seguirle cual colonia Brumel (ya sabéis, mejor cuanto más cerca) hasta que vio que tiraba un filtro… y ahora viene la locura. 

          Lejos de esperar a que el zombi se aleje un poco y apenas el filtro toca el suelo, salta en plan ninja dentro de la bañera y lo recoge. El zombi, que tampoco es tonto, pega un grito chuscoso y se lanza tras el… ¿Cómo saldrá nuestro héroe de la bañera sin resbalarse? Hay que tener en cuenta que había llovido y no hay ningún acceso ni… ¡ah! Pues ya ha salido… saltando cual gamo como si fuera un simple escalón… hay que ver. Y mientras, como el zombi no es tan rápido saliendo, la distancia que logra hacer Tony es suficiente como para que desista… ¡Otra prueba superada! Toca informar a Samara, aunque bueno, como ya imaginaréis, el camino no fue sencillo: nuestro archienemigo, el zombi de blanco, nos hizo correr en más de una ocasión hasta que por fin llegamos a la Biblioteca. Siguiente misión: encontrar a Erik el calvo (otra vez). 

          Una vez localizado y tras los habituales “corre para esquivar zombis” y “joder, ya viene otra vez el de blanco”, nos mandan al campo de fútbol, donde tocaba conseguir una tuerca y obtener información para encontrar su correspondiente tornillo. A simple vista, el tema no parecía gran cosa después de lo que ya se había hecho, básicamente, porque consistía en atravesar el campo hasta los banquillos y coger la tuerca de una caja, pero el problema principal recaía en dos puntos puñeteros que detallo a continuación: 

          1. El campo de fútbol estaba INFESTADO de zombis, aproximadamente unos 15 (como poco) y solamente estaba habilitado la mitad del terreno, por lo que más riesgo para ser pillado. Además, había un par de niñas-zombi que, aparte de seguramente pasárselo bomba, eran cansinamente porculeras en su misión: corrían incansablemente, saltaban a lo Iker Casillas cuando te acercabas demasiado, gritaban como si no hubiera un mañana… he tenido pesadillas durante tres días. 

          2. Al lado del campo estaba el Check-in… ¿Y eso importa? Pues importa y mucho, porque es el lugar en donde todos los “mordidos” van a maquillarse para salir como zombis, aparte de ser el área de descanso de los actores, por lo que si pasas cerca cuando terminan su pausa, cágate lorito. Obviamente, al estar el campo con una de las pruebas tan cerca, el primer lugar al que van (y en manada) suele ser aquí, por lo que si no eres hábil puedes caer simplemente con salir del terreno de juego. 

          Con esto en mente y volviendo a la prueba en sí, Nindë, Tony y servidor entramos en el campo con el fin de analizar la situación. Por suerte, solamente corrían unos pocos zombis, pero estaban colocados de tal manera que lanzarse a lo loco campo a través era una locura. Intenté despistarlos por un lateral, pero el camino que escogí no tenía salida y casi me cuesta el pañuelo verde, así que estudié la opción del otro lateral para sortear al menor número de zombis. Mientras pensaba esto desde la orilla, llegaron tres locos (altavoz bluetooth en mano) con música cañera… 

―¡¡¡Vamos muchachos!!! ―dijo enérgicamente uno de ellos. 
―No irán a hacer lo que creo que van a hacer ¿verdad? ―pensé mientras los veía. 
―¡¡¡A por todas!!! ¡¡¡AAAHHH!!! ―el del altavoz, levantándolo cual pendón en una épica batalla, se lanza en picado junto a sus compañeros campo a través y con la música metal a todo trapo. 
―Vale… análisis rápido: yendo tan a saco como van y de forma tan descarada, puedo tener una oportunidad si aprovecho a pasar cuando los miran… preparando estrategia “Por la izquierda” ―pensé. 

          Y ahí que me fui, emulando a Flash y esquivando a los zombis que estaban distraídos con los “corredores del metal”. Todo estaba marchando bien: quiebro a uno, quiebro a otro, sprint final hasta los banquillos, meto la mano en la caja (¿Mmmm… solo hay palos?), tomo impulso para girarme y… ¡Ostiazo al canto y las gafas volando cual orca llamada Willy! ¿Resbalón? ¿Mal cálculo de la velocidad? Para nada: un imbécil (por ser suave) que a pesar de que esto es un juego, iba arrasando con todo lo que tenía por delante y, en vez de frenar al llegar al banquillo, se dejó parar con todo su peso (y su cabeza) en mi cabeza… ¿sabéis eso de los pajaritos de los dibujos animados? Pues algo parecido me pasó. 

          Como no sería la leche que me dio el cabezabolo, que el zombi que me perseguía se paró en seco, imagino que para ver si todo estaba bien. En ese momento y por un segundo, me quedé sin saber qué hacer: me dolía horrores la cabeza (es lo malo de tener un ladrillo por cerebro), escuché un escueto y lejano “perdona tío”, el zombi se acercaba despacio, yo estaba sin gafas y con un palo luminoso en la mano (¿y la tuerca?)… imagino que, por temas de subidón de adrenalina, por conmoción debido al golpe o simplemente por idiota, se me ocurrió coger mis lastimadas (y ahora rayadas) gafas del suelo y salir por piernas como si no hubiera un mañana, ya que con la tontería me quedé rezagado y los zombis se agolpaban. No me digáis como, pero logré zafarme de todos los no-muertos (incluyendo a la niña saltarina) y pasé por debajo de la barandilla que delimitaba el terreno de juego, pero al incorporarme rápido para subir la grada, mi cabeza dijo “hasta aquí” y me entró el típico mareo con el cual te caes redondo al suelo. Por fortuna, logré poner una mano y evitar caer de plomo, pero al levantarme de nuevo me fallaron las rodillas y caí otra vez. 

―Algo pasa… ―dijo Nindë a Tony mientras corría a mi encuentro al verme caer― ¡Aparta idiota! ―gritó mientras empujaba a un superviviente lerdo que estaba en su camino. 

          Acto seguido, otro cafre diferente al que me dio el cabezazo, arrampló con algunas personas que había en la entrada del campo de fútbol, cayéndose al suelo y llevándose consigo a un par de inocentes espectadores. Aquí, un miembro de la organización se puso serio y le cantó las cuarenta, aunque yo habría ido a más y por cafre, le habría quitado el pañuelo verde… y si se hubiera puesto chulo le habría expulsado del juego. En fin, que tras estos incidentes y un par de breves carreras más (los zombis nunca descansan), logramos encontrar un sitio para relajarnos y esperar a que se me fuera el mareo. 

          La duda, una vez solventada la resaca, era qué hacer con el palo luminoso. Se supone que tenía que haber una tuerca, pero en la caja no había nada de eso. Posiblemente y con tanta gente jugando, se quedaron sin material y tuvieron que improvisar alguna otra cosa… ahora bien, llegados a este punto y sin exagerar, pasamos cerca de dos horas buscando al dichoso militar… ¿Dónde demonios estaba? En este tiempo y como dudábamos del tema “palo luminoso”, decidimos acercarnos de nuevo al campo de fútbol a ver si en la caja había algo más, pero como ya era bastante tarde y empezaba a haber más muertos que vivos, la misión fue más complicada de lo esperado, tanto, que ni la hicimos: el número de zombis en el campo se había duplicado y para rematar, nuestro amigo el zombi de blanco entró en el campo y empezó a perseguirnos. Tony logró escabullirse por la puerta, mientras que Nindë y yo tuvimos que despistarlo por las gradas y meternos debajo de éstas. 

          Cuando pasó el peligro y salimos de nuestro escondrijo, el fantasma de Tony vino a avisarnos de su muerte: el puñetero zombi de blanco le había pillado justo en la entrada del campo, por lo que desde entonces, quedamos dos en el equipo. El espíritu de Tony, Nindë y servidor, nos dirigimos a la salida para seguir con la búsqueda de Erik cuando, de pronto, vuelve a entrar… ¿adivináis quién? ¡¡Sí!! El zombi de blanco (¿no había más jugadores o qué?). 

―¡¡¿¿En serio??!! Ya me tienes hasta los hue… ―dije ofuscado― ¿Qué hacemos? ¿Nos rendimos ya o intentamos algo? ―le comento a Nindë. 
―Intentemos acortar por el campo… y a ver que pasa ―respondió no muy convencida. 
―Ajá… por el campo lleno de zombis y con la niña satánica esa ¿no? ―comenté irónicamente. 
―Sep. 
―Vamos pues… 

          Al final salimos, con dificultad pero salimos, por lo que faltaba encontrar a Erik y saber si el palo servía. Sería una faena después de todo lo pasado que dijera que no. De nuevo, una ardua búsqueda sin resultado. No sabían nada de él ni Samara ni prácticamente ninguno de los supervivientes que veíamos, quienes se encontraban en la misma situación. Durante todo el juego, Erik estaba en un lado o en otro de la calle de la Biblioteca, pero de pronto, se esfumó cual nómina a primeros de mes. En un acto desesperado, tras esas dos horas dando vueltas, Nindë se acercó a Samara a preguntar sobre el palo. 

―Oye, llevamos dos horas buscando y no encontramos a Erik. Además, teníamos que buscar una tuerca, en una de las pruebas pero solo… ―no pudo terminar de explicarse, ya que un amenazante sonido gutural se acercaba― Mmmm… ¿Esto no es casa? 
―No… ―dijo lamentándose Samara mientras nos íbamos alejando lentamente. 
―No me jo… 

          Menos mal que en un arriesgado acto, y usando de cebo a algún que otro superviviente, Nindë logró que Samara le confirmara que el palo de luz servía, pero desafortunadamente no sabía indicarnos dónde estaba Erik el calvo. Más carreras, más zombis en las calles, más desesperación por parte de algunos jugadores (una chica comentó nerviosa que lo habían preparado todo para matarnos) y al final, de casualidad, encontramos a Erik en la Comisaría de Policía, bastante lejos de donde había estado en todo el juego. Aquí es donde la cosa se complicaba con otros jugadores, tal como comenté al principio de esta crónica, algunas pruebas se cruzaron: las que eran para el militar se pasaban a una chica (que no habíamos visto en toda la noche) que esta estaba en dicha Comisaría, y las de ésta, llegaban a Erik. Los supervivientes estaban un poco cabreados, pero bueno, en ese follón no nos metimos ya que finalmente, cuando hablamos con Erik y nos dijo que el palo era válido, nos selló el mapa y nos envió a la siguiente prueba en el frontón. 

          Nuevas carreras, un escape cuasi-milagroso de Nindë a un zombi (que le perdonó la vida y pudo seguir jugando) y finalmente, llegamos al frontón, donde tras ver la marabunta de gente esperando su turno para entrar (con una media de unos 40 minutos según nos comentaban), decidimos dejar la aventura… tras cinco horas y media sin parar está bastante bien ¿no? Además, el perder dos horas buscando a Erik nos dio mucho bajón, por no decir que nos quemó bastante el perder tiempo a lo tonto. Como puntilla final, decir que el fantasma de Tony, Nindë y yo, nos sentamos en un banco a descansar tras decidir irnos a casa, pero nada más hacerlo apareció un grupo de zombis (al menos estos eran lentos). 

―¿En serio? ¿Justo ahora? Aaahhh… ¿Qué hacemos, pasamos del tema o corremos? ―le pregunté a Nindë. 
―Naaahh, creo que ya pasamos, además está empezando a llover de nuevo ―respondió. 
―En fin, qué demonios… venga, venid que estamos ya hasta los mismísimos ―dije a los zombis estirando el brazo. 

          Y así fue como valientemente nos sacrificamos, tuvimos una amena charla con nuestros devoradores y fuimos a recoger nuestro pañuelo rojo. En resumen, sin duda uno de los mejores survival a los que he asistido: me he divertido como un enano, he hecho cardio a mansalva… y aunque está el pequeño incidente del cabezazo y las dos horas en busca del calvo perdido, mi impresión global es favorable, así que si vuelven repetiremos… y esperemos que nuestro heroico Tony no muera devorado por nuestro archi-enemigo (y yo que pensaba usarle de cebo en algún momento). 

―Chavales, la tormenta ha acabado, creo que nos lo hemos ganado… ―dije sacando tres puritos― ¡El purito de la victoria! 

          Y así, fue como en una lluviosa madrugada en Alovera, nos dirigimos hacia el horizonte… 

―Te encanta usar esa frase ¿verdad? 
―Lo justito…

21 de octubre de 2017

Cómo sobreviví a la Survival Zombie de Madrid y no morí (de aburrimiento) en el intento.


¡Buenas de nuevo piratillas! (o lo que diantres seáis, que hoy en día las etiquetas son muy difusas).

Hoy vengo a hablaros del magno evento que se celebró el pasado 20 de octubre en Madrid: la Survival Zombi. Para quien no conozca el asunto y de manera resumida, os diré que se trata de un rol en vivo en donde hay zombis (obvio) y tienes que llegar al final del juego de una pieza. Si eres alcanzado por un actor (osea, que el actor de turno hace “matarile” a tu personaje), te tunean un poco y… ¡voilá! Ya eres un zombi hecho y derecho (qué orgullosos estarán tus padres ¿verdad?). Vamos, como si te metieras de lleno en una película de muertos vivientes con tu hermósida persona como protagonista. 

Dicho esto, World Real Games (los organizadores y responsables del evento y de otros de igual temática) decidieron dar un paso más allá de los pueblos y poblaciones pequeñas para meterse, en esta ocasión, en la ciudad capital. Como buen amante de los zombis, esta era mi tercera incursión en el mundillo del “correquetecomo” y tras experiencias anteriores satisfactorias, me decidí a acudir al organizado en Madrid, aunque ya asumía que algo sería distinto… 

Sin duda un pueblecito tiene su encanto: es terreno desconocido para muchos, hay tranquilidad (dentro de lo que cabe), ves unas buenas actuaciones, hay hordas ingentes de zombis (más te vale estar al día con el cardio o vas apañado) y encima, la organización se lo curra metiendo escenografía como camiones, equipo militar, helicópteros… vamos, que si no te metes en el papel es porque tienes poco sentido de la aventura (o bien, eres eunuco). 

Pero la ciudad… ¡hay la ciudad! Sin duda el pasado día 20 quisieron abarcar más de lo que podían, ya que desde el minuto uno todo empezaba a ser un despropósito: desde los cambios de ubicación del check-in para poder jugar, pasando por la falta severa de información y malas actuaciones de algunos actores, ausencia prácticamente total de zombis (en un evento con muertos vivientes es irónico no encontrarlos) y, sobre todo, la ausencia de trama. Seguramente los guionistas, al igual que en otras ocasiones, se curraron una historia digna de película de serie B (que es lo que mola, para qué engañarnos), pero siendo sinceros, en la Survival Zombi de Madrid esto no se vio… en absoluto. Tan pronto hacías de reportero improvisado para ver qué pasaba en la ciudad, como eras un acólito de una logia de… ¡extraterrestres que hacen vudú y quieren dominar la tierra! Para más inri, al segundo después podías ver que había unos monjes shaolines que luchaban con los bichos estos del espacio exterior a base de poderes mentales… ¿sencillo? En absoluto, ya que los vídeos que supuestamente te ofrecían pistas y debían orientarte sobre la historia que estabas jugando no tenían NADA que ver con la trama. En estos se mostraba a una parejita haciendo su footing mañanero que encuentra un muerto en el bosque (que resulta ser un zombi) y terminan pidiendo ayuda por las redes sociales (es que el chaval era periodista y el informar a la gente era superior a él… criaturita). En fin, el caso es que al final, todo se resume en que la plaga de zombis es organizada por el Gobierno para controlar a la población… ya sabéis, lo típico de “me cargo a unos cuantos, que ya somos muchos”. 

Muchos os preguntaréis… ¿Qué cojo*** tiene que ver eso con los marcianos/zombi/vudú y los shaolines mentalistas? Pues bien, esa pregunta se la hecho mucha gente y aún no hay respuesta. 

¡En fin! Metiéndome un poco en materia, he de reconocer que pese a la desastrosa organización y la pésima idea de hacer perder tiempo (y el dinero) a la gente con desplazamientos eternos, me lo pasé muy bien. Cierto que tras casi 5 horas solamente vi a 5 zombis y lo máximo que llegué a temer por mi “vida” fue cuando un Z se puso en modo Usain Bolt, pero como mi querida compiloto Nindë (es compañera y copiloto/navegador en los viajes en coche ¿pasa algo?) tuvo el detalle de acompañarme en esta aventura, todo fue más ameno… y como viene siendo habitual cada vez que nos juntamos, pasaron cosas dignas de mención, así que vamos al lío. 

Tras ataviarnos con el material necesario y acudir al punto de inicio en la plaza de toros de Las Ventas, vemos a los primeros supervivientes afanados en memorizar la primera misión: echar agua teñida en la fuente de un parque cercano y a continuación desplazarse al Planetario, donde habría alguien que nos daría más instrucciones (hombre parco en palabras la verdad). Empezamos ilusionados y vemos el vídeo de arranque del evento (el de la parejita moñas que os decía antes), el cual no nos aclara demasiado sobre la trama del juego o qué tenemos que hacer en concreto… vale, tirar agua a una fuente, pero ¿por qué? Sin darle demasiadas vueltas al asunto seguimos y nos plantamos en la fuente, yo hago un numerito algo esperpéntico lanzando el agua mientras Nindë me graba (que era la prueba para hacer la siguiente fase) y acto seguido enfilamos al metro hacia el planetario… y aquí nuestro primer viaje de casi media hora de metro. Salimos al exterior y… empieza la des-ventura. 


Tras un rato buscando a “alguien que nos dé instrucciones”, vemos a una especie de Glenn (el de Walking Dead) sujetando a una Z y dando unas instrucciones a unos supervivientes. Poco a poco nos vamos acoplando hasta que VitroGlenn (tenía que hacer la gracia, lo siento) repara en nosotros y nos pregunta secamente por nuestro color… ¿nuestro cualo? Ni en el check-in ni en el inicio del juego nos han dicho nada al respecto. Al ver nuestra cara de póker, aclara que se refiere al color del mapa que tenemos (ya podía haber empezado por ahí), tras lo que alegremente respondemos que verde… y directamente nos manda a freír espárragos. 

Nuestra cara ya subió a repóquer… ¿cómo que nos larguemos? ¿Y la prueba? Simplemente nos dijeron de buscar a UNA persona para recibir instrucciones y… 

- ¡Médico Zombi!
- Tranquila, no tiene el brazalete rojo así que seguramente no estará participando en el…
- ¡Que vieneeee!
- ¡Cagüen! ¡Correee!

Bueno, como iba diciendo antes de ser interrumpido por un ser no identificado, aquí empezó lo que iba a ser la tónica del día: escasas o nulas informaciones, lo que sumió a los jugadores en un caos y una frustración increíbles por no saber, sencillamente, qué hacer por algo por lo que habían pagado (y si no me creéis echad un ojo a las redes sociales). 

Tras dar un pequeño e infructuoso reconocimiento por la zona, no vimos zombi o monitor alguno de más, eso sí, había muchos niños que lejos de acobardarse, se liaban a hierbazos (literalmente) con el zombi de antes… y luego estaba el malote de turno que se metía con la gente, llamándoles cobardes por huir de los actores zombificados, que si teníamos miedo, que por qué corríamos… típico caso de un ser sin amor y falto de atención (y de alguna que otra galleta).

- ¿Cuánto llevamos ya?
- Déjame que mire el reloj… pues una media hora desde que salimos del metro.
- ¿Y si miramos por arriba?
- Bueno, ya que estamos… porque aquí va a ser que no hay nada.
- Mmmm… ¿Hueles eso?
- ¡Yo no he sido!
- No me refiero a eso idiota… ¿no hueles a quemado?

En efecto, pese a que mucha gente empezaba a quemarse por no saber a dónde ir y enterarse del mecanismo del juego sobre la marcha, lo de oler a quemado era literal. En un descampado cerca del Planetario empezó un pequeño incendio, que si no llega a ser por un par de audaces transeúntes medio parque habría quedado calcinado. Así mismo, Nindë y un servidor aportamos nuestro granito de arena: yo escalé la valla que separaba el lugar para echar una mano, mientras Nindë rellenaba unas botellas que teníamos en una fuente cercana y me las iba pasando (vamos, que hizo de aguadora). Y ahí estábamos nosotros, en plena “partida de zombis” ayudando a apagar un fuego. Lo mejor de todo es que entre viaje y viaje reponiendo agua, Nindë descubrió dónde teníamos que ir… ¿Cómo demonios lo hizo? Una cosa es ser multi-tarea y otra muy distinta andar con un ojo puesto en los zombis, otro en el fuego, ir corriendo a rellenar botellas y de paso, informarse sobre cómo seguir en el juego… y yo que iba de guay porque era mi tercera vez en un Survival y Nindë era novata. 

¡Seguimos! Una vez apagado el fuego y oyéndose a los bomberos de fondo (a buenas horas), el equipo Piradrows se dirigió raudo y veloz a la parte alta del Planetario, en donde cómo no, había una Z de las que corrían cortándonos el paso y otro responsable (mapa azul, toca seguir buscando) pasmado cual maniquí. Tras un análisis de la situación, se establece un plan de ataque al más puro estilo “El equipo A”:

- Tenemos que abrirla…
- Sí, en canal.
- No bobo, me refiero a rodearla para que salga de la rampa y luego ir corriendo hacia abajo.
- Aahh… ya decía yo que lo otro era muy radical.

Casualmente antes de iniciar nuestra maniobra, otro grupo llamó la atención de la Z y salió de su refugio, por lo que tras unos escuetos quiebres logramos pasar la barrera y seguir (una vez más) buscando a nuestro dichoso intermediario. 

Dicen que el tiempo es relativo, pero creedme cuando os digo que es relativamente un coñazo cuando estás una hora buscando a una persona, máxime cuando no te han dado indicación alguna y las pocas que has recibido, son erróneas. Por suerte, nos encontramos con un grupo de 4 supervivientes que buscaban lo mismo que nosotros, así que tras intercambiar información y caminar un poco encontramos a nuestro enlace (¡¡por fin!!), quien resultó ser una tipeja estirada con palos pintados en la cara (por ahí me dicen que eran runas) y que estaba afanada en una especie de ritual. Nos sienta a todos como un único grupo y nos cuenta no sé qué rollo sobre un ritual mágico, sobre unos dioses, sobre que sus compañeros han muerto pero están pululando por ahí… y que necesita un sacrificio humano. Nuestras caras en plan “¿ya se nos ha acabado el juego nada más empezar?” era de foto. Total, que tras varias explicaciones rarunas, uno de los supervivientes del otro grupo tiene que coger una daga de un zombi que está cerca, lo cual hace sin problemas.

La cara-runa ahora nos suelta que necesita a dos personas para sacrificar (otra vez, se ve que le mola), mientras el resto de compañeros continúa la prueba. Como ya habíamos perdido mucho tiempo y tenía ganas de seguir el juego, me ofrecí como voluntario… craso error. Resulta que la siguiente prueba era en el Templo de Debod, el cual está a casi una hora de camino… ¿estamos tontos? ¿Nos tenemos que quedar ahí casi dos horas hasta que vuelva el resto? Además, mi grupo era Nindë y así nos separaban de mala manera. La runa-loca seguía erre que erre con el tema del sacrificio, de superar la prueba y demás, pero al ver nuestras caras de reprobación y oír a Nindë decir que si yo me tenía que quedar ella también lo hacía (¿a qué es mona?), nuestra maestra del vudú cambio de tercio (o puede que lo tuviera ideado así desde el principio, vete tú a saber). 

El nuevo plan era que alguien tenía que dejar la daga (recogida antes) en el zombi de donde se sacó. No valía tirarla ni apoyarla sin más, había que acercarse y dejarla en la espalda del no-muerto. Si se hacía bien, los dos “voluntarios” seríamos libres y podríamos ir vivitos de manera oficial al Templo de Debod.

- ¿Quién irá a dejar la dag…?
- Anda trae, ya voy yo que si no…
- Una cosa más… si fracasas todos estaréis muertos…
- ¡Hey! ¡Eso no fue lo que dijis…
- Tienes diez segundos… diez, nueve, ocho…
- ¡¡La madre que m…!! (sonido del correcaminos).

Pese a todo, creo que la jugada de hacerme ir corriendo a dejar la dichosa daga jugó en mi favor, ya que el Z no estaba preparado y aún estaba cuan largo era tirado en el césped, por lo que para cuando se quiso incorporar para hacerme algo, yo ya estaba lejos de su alcance y volviendo con el gru…

- ¡Alzaos mis siervos y matadlos!
- ¡Cojón de pato! (otra vez a correr).

Aquí el grupo al que nos acoplamos nos dejó tirados de mala manera (el típico sálvese quien pueda), mientras que Nindë y yo nos localizamos visual y estratégicamente (que bien suena ¿verdad?) para rodear a los zombis y las esculturas del parque y salir a toda leche de lugar.

- ¡¡Corre que vienen!!
- ¿Sabes? ¡Esto me recuerda a cuando corríamos para pillar el autobús!


Exhaustos tras el intenso sprint, tomamos el metro hacia Príncipe Pío y posteriormente nos dirigimos a Debod, donde para no variar, nuestro enlace no estaba donde debería. Casualmente volvimos a encontrarnos con el grupo de la prueba anterior y con ellos, tras dar un par de vueltas, huir de un zombi aburrido y hacer pesquisas, encontramos al menda en cuestión.

Ahora es cuando la cosa se pone rara. Nos dice que pertenece a La Logia, quienes provienen de las estrellas (marcianos, vamos) y que buscan elevar a la humanidad a un nivel superior. Nos advierte sobre los monjes, que no nos fiemos de ellos (¿por qué, acaso nos van a rapar la cabeza?) y que debemos ser uno solo. En resumen, metes en una coctelera extraterrestres con mente colmena, zombis de un plano superior pese a que parezcan los de toda la vida, unos misteriosos monjes y frases en plan La Momia “la muerte es sólo el principio” y… ¡¡Tachán!! Ya tienes algo parecido a una trama… aunque rara de cojones, todo hay que decirlo.

Tras el comedero de coco viene la prueba en cuestión, que consistía en poner a una persona del grupo tras un banco (de los de sentarse ¿eh?) con los símbolos de los planetas, mientras que otro sin hablar y por señas, tenía que lograr que el primero los dibujara en el suelo. Aquí ni Nindë ni yo hicimos nada, ya que el grupo con el cual coincidimos una vez más tomó las riendas… aunque a duras penas pasaron la prueba.

- Yo conozco esos símbolos… mira, ese de ahí es Júpiter, ese es Marte, ese… 
- ¿Cómo es que sabes los símbolos de los planetas?
- ¡Sailor Moon chaval! Para que luego digan…

El siguiente destino era el Arco de la Victoria, en Moncloa, donde teníamos que dejar tierra recogida en el Templo de Debod… mmmm, que yo sepa no se puede entrar ni acercarse al Arco, ¿cómo lo haremos entonces señor del espacio exterior? 

- La muerte es vida… y recordad sed uno.


Cojonudo. Le suelto eso a un guardia que me pille cruzando la autopista para dejar tierra en un monumento y de la bofetada me manda al calabozo… o al psiquiátrico. En fin, Nindë y el menda vamos con calma dando un paseo (tras 5 horas seguidas sin parar las rodillas se resienten) y decidimos quedarnos en el borde de la autopista, dentro del Parque del Oeste y desde ahí hacer la foto de rigor como prueba de nuestra hazaña. Si les sirve bien, si no, para casa que nos vamos. Ya solo quedaba ir un poco más lejos (a la Facultad de Medicina) para encontrar al enlace. Por suerte para nosotros el susodicho sí estaba en su sitio ¡el primero en todo el día! Tras la típica charla insulsa y sin aclarar mucho de la trama, nos mandan al parque que está enfrente de la facultad, ahí debíamos encontrar a un “sub-ser” y sacarle sangre (y yo que pensaba que lo de la arena era pasarse). Una vez hecho, tocaba verter su sangre en una fuente de Plaza de Castilla.

El tema de tener que hacer 45 minutos de viaje para ir a la otra punta de Madrid, siendo las 10 de la noche, no nos motivó demasiado, pero ya que teníamos cerca el parque, al menos íbamos a buscar al sub-ser. Éste resultó ser un monje shaolín y no un zombi, quien gracias a sus poderes místicos cual Dr. Extraño de San Blas, hace ver a La Logia lo que él quiera. En teoría, los monjes son los buenos y quieren evitar que la humanidad muera y bla, bla, bla, así que si le creemos nos da la opción de ir a su templo… el cual está más lejos aún que si seguíamos las órdenes de los marcianos. Visto lo visto y las horas, Nindë y yo nos rendimos y decidimos dar por terminado el juego, con 4 pruebas superadas y ratos memorables. Toca fumar un piti tranquilamente en un banco (sí, otra vez de los de sentarse) antes de la vuelta a casa, que el cansancio se nota.


¿En resumen? Pues algo decepcionado, para qué mentir. Apenas había zombis, muchas de las pruebas eran simples y estúpidas, los desplazamientos eran excesivamente largos (sin contar con el gasto extra que ello supone), la trama ha brillado por su ausencia y el cuaderno con acertijos que nos dieron… bien se podía haber quedado en casa porque no ha servido para nada. Obviamente montar algo así en la capital es complicado, pero deberían haberlo pensado mejor o hecho en una zona más acotada. Cuando hacen estos eventos en los pueblos la inmersión en la aventura es increíble, pero aquí… yo lo siento pero los eventos zombis pro-ciudad se han acabado para mí. Los pueblecitos son otra cosa.

Huelga decir, además, que la coordinación fue nefasta. Casi ninguno de los responsables o actores sabía a ciencia cierta dónde estaban sus compañeros, por lo que perfectamente te podían mandar en una dirección opuesta a la que era (como de hecho nos pasó). En cinco horas de juego vimos 5 zombis, por lo que de Survival tenía más bien poco, así que… un poco nefasto todo. Si lo sé, no vengo.

- Venimos.
- Eso, venimos.

No obstante, he de reconocer que me lo pasé bien. Duele un poco el haberse gastado tal cantidad de dinero para algo tan cutre pero bueno, no todo fue un completo desastre y ha servido para tener otra curiosa experiencia con Nindë, que hace tiempo que no la veía (como ahora se me va por otros mares no hay pirata que la vea). Además, cada vez que salimos se lía alguna digna de un programa de provincias…


- En el próximo incendio tú te encargas del agua…
- Hecho.

Pues eso… hasta la próxima y recordad sed uno… o algo así.


4 de mayo de 2017

Mirai Nikki: Diario del Futuro (by Nindë)


  
Hoy, me complace presentaros un anime bastante peculiar. Peculiar en el buen sentido, claro está. Más que nada, porque mantiene una de las historias más originales hasta la fecha (y eso que he visto unas cuantas). Nada más y nada menos, os hablo de Mirai Nikki (Diario del Futuro).

El anime está basado en el manga del mismo nombre, escrito e ilustrado por Sakae Esuno. Fue editado en la revista Shōnen Ace desde el 26 de enero de 2006 hasta el 27 de diciembre de 2010 y fue compilado en 14 volúmenes publicados por Kadokawa Shoten, incluyendo dos historias paralelas, Mirai Nikki: Mosaic y Mirai Nikki: Paradox.

Como dato curioso, deciros que en noviembre de 2008 el séptimo volumen del manga figuró como el vigésimo primer manga más vendido en Japón. El volumen se mantuvo en el top 30 durante esa semana, a pesar de que bajó al puesto 25.

Para poneros un poco en situación, esta historia nos presenta a nuestro protagonista masculino: Yukiteru Amano. Sobre él, me explayaré a continuación, pero os adelanto que es un estudiante de segundo año de secundaria solitario e introvertido. Este chico gasta todo su tiempo escribiendo un diario en su móvil (¿dónde quedaron los antiguos cuadernos con el candado medio roto…?) y su único amigo, supuestamente, es un producto de su imaginación: Deus Ex Machina, el Dios del Tiempo y el Espacio. Dicho esto, un buen día este dios le da al diario de Yukiteru la habilidad de ver lo que sucederá en los siguientes noventa días en el futuro, y enrola al muchacho en un torneo a muerte donde deberá luchar por su vida contra los poseedores de otros diarios similares (junto con él, suman doce en total).
 
Bien. Pues esta, es la trama principal: un juego mortal de supervivencia, donde los poseedores de los diarios deben matarse los unos a los otros hasta que solo uno quede en pie (cual película de los Inmortales, sin ir más lejos), porque de lo contrario, el mundo se acabará. Sí, se acabará. Pero ¿por qué? Pues porque Deus Ex Machina está muriendo, y necesita un sucesor que controle tanto el espacio, como el tiempo. Ahí es ná.

Tal como había dicho, me centraré por ahora en el protagonista masculino: Yukiteru. Es de los personajes principales menos carismáticos que he visto. Posee un carácter sumiso, tranquilo y, sobre todo, asustadizo. No tiene ningún plus a su favor. Ni siquiera su inteligencia es algo que destaque en él. Posee el «Diario del Observador» y su gran desventaja es que no le dice lo que le está sucediendo a sí mismo en el futuro, por lo que le hace vulnerable. No obstante, para protegerse de los demás poseedores de diarios que intentaran asesinarlo, este chico utilizara a Gasai Yuno, una chica también poseedora de un diario y que está enamorada de él.

Llegados a este punto, os hablaré de la protagonista femenina: Gasai Yuno. Bajo mi opinión, es uno de los puntos más fuertes de este anime. Esta chavala de melena rosa y mirada siniestra, es una auténtica psicópata en potencia. Cuando digo “psicópata en potencia”, estoy siendo más que considerada, teniendo en cuenta su grado de locura. ¿Recordáis, por algún casual, al conejo siniestro de la película de Donny Darko? Vale, pues esta chica es como doscientas veces peor que ese terrorífico orejudo. Cuando veáis este anime, entenderéis por qué os digo esto, creedme.

Debido a que nuestra “dulce” protagonista acosa de manera constante a Yukiteru porque está obsesivamente enamorada de él, es la poseedora del «Diario del Amor» (sin comentarios). Esto, le permite saber lo que el chico está haciendo o lo que le sucede cada diez minutos. No obstante, Yukiteru sacará partido de esto, puesto que utilizará a Yuno con el mero propósito de sobrevivir para las batallas contra otros usuarios de diario.

Y ahora, ¿qué ocurrirá? Pues os diré que la historia mezcla la intriga, el suspense, el drama y la acción. Incluiría también amor, pero, si me permitís la opinión, sería demasiado enrevesado. También advierto que pertenece al género gore y thriller psicológico. Es decir: sangre, sangre y más sangre. A esto, le sumáis cabronadas que jamás esperaríais y escenas que puedan dañar la sensibilidad del espectador, y ya tenéis un Juego de Tronos en versión anime (aunque sin ese aire medievo-novelesco). Con esto, os digo todo.

La adaptación del manga al anime, fue producida por Asread y dirigida por Naoto Hosoda, consistente en veintiséis episodios emitidos a partir del 10 de octubre de 2011. El diseño de los personajes fue hecho por Eiji Hirayama y Ruriko Watanabe, y un episodio piloto de ocho minutos fue incluido con la edición limitada del volumen once del manga, publicado el 9 de diciembre de 2010.

¿En resumen? Mucha acción, metodología de estrategias que asombran, animación muy bien realizada en las escenas de acción y, un gran punto a favor, es que comparte gran similitud con el manga. Realidad, locura, trastornos de la mente tanto en el interior como en el exterior, y más de un deseo reprimido de querer ser alguien diferente a lo que eres y no aceptas.

¿Mi nivel de recomendación?: en esta ocasión, me quedaré con un «aceptable».




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