13 de diciembre de 2013

Batman: La Broma Asesina (by El Entrecott)

Había una vez dos tipos en un manicomio...

Un mal día lo tiene cualquiera, uno especialmente nefasto puede cambiarlo todo, y no hay marcha atrás posible, si ello implica convertirse en la mayor amenaza a la que se haya enfrentado el más grande de todos los justicieros, si significa perderlo todo pero lucir siempre una histriónica sonrisa, bueno, eso quiere decir que eres El Joker, y que espero por favor no estés leyendo esto...

Desde el principio de los tiempos El Joker y Batman han estado unidos por el destino, si bien siempre se nos había presentado al bromista como un misterioso personaje del que poco sabíamos, sólo que en un robo frustrado por Batman, había caído en un tanque con productos químicos, se suponía que era la causa de su demencia y su odio contra todo bicho viviente, pero... faltaba algo ¿no?. Vale que es un buen motivo como cualquier otro, caer en una cuba de ácido, quedarte blanco y verde es para estar cabreado. Quizás por esto en DC no se molestaron en darle más vueltas al tema, el personaje funcionaba, evolucionaba alcanzando nuevas cotas de complejidad aunque no dejaba de ser otro tipo con un traje chillón.

Sonría... por favor.

A finales de los 80 los lectores estábamos flipando con lo que era una verdadera revolución creativa en toda regla, el catalizador de este cambio había sido el desembarco en DC Cómics de toda una nueva hornada de autores que le habían dado una nueva vida a la editorial, así títulos como Batman: el retorno del Caballero Oscuro, Batman: año uno, V de Vendetta, Watchmen o The Swamp Thing, ofrecían una perspectiva más madura de las historias clásicas. No es ningún secreto desvelar que dos de los responsables de semejante hecatombe fueron Frank Miller y Alan Moore.

La siempre tormentosa relación del barbudo escritor con DC atravesaba entonces un momento dulce, todo lo que tocaba se convertía en oro, ya había tratado con otros súperhéroes como Superman, o con personajes marginales como El Vigilante en la extraordinaria “El día del padre“, pero le faltaba doctorarse cum laude. Esa oportunidad le iba a llegar con Batman: la broma asesina, donde inicialmente Moore y su colega, el también británico Brian Bolland tenían en mente un crossover con El Juez Dreed y el hombre murciélago pero el proyecto se canceló, cuando surgió la cuestión de que hacer en su lugar lo tuvieron claro: ¡El Joker! Si se trataba de ahondar en la personalidad del villano había que ofrecer algo distinto al lector, un momento crucial entre muchos otros que le hubiese marcado para siempre. 

Cualquiera que haya leído más de un cómic de Batman a lo largo de su vida se habrá dado cuenta que el origen del personaje se repite hasta la saciedad, habría que hacer un concurso para ver quién ha muerto más veces, si los padres de Bruce Wayne o el tío Ben en Spiderman, el caso es que el de los villanos no reitera tanto, hemos de suponer que para no crear empatía con el lector. Pues bien, Moore se atrevió a cruzar esa delgada línea, un terreno pantanoso donde los haya, pero salió triunfante.


La trama de La broma asesina comienza como muchas otras historias de Batman, al menos en plano formal; el héroe va a visitar al villano al asilo de Arkham y descubre que éste se ha dado a la fuga. Comienza pues la cacería con la salvedad de aquí las presas van a ser el comisario Gordon y su hija Bárbara. El Joker compra un viejo parque de atracciones que le va servir como base de operaciones para sus retorcidas maquinaciones, un lugar bastante evocador para retrotraernos al pasado de este hombre sin nombre. Como todo buen guionista, Moore sabe que la riqueza de un personaje está en los detalles, eso el lo que le hace respirar y caminar por sí solo. Una doble estructura narrativa nos lleva por un lado al pasado don- de vemos como el malo no siempre lo fue, sólo un pobre cómico al que nadie ríe sus chistes, un tipo con una mujer embarazada que busca una salida fácil aliándose con dos delincuentes de poca monta para orquestar un robo que tendrá funestas consecuencias.

Si se hubiera planteado como un mero flashback a modo aclaratorio quizás esta obra sería una de tantas, pero es que la cuerda se tensa tanto que es complicado escapar a su embrujo con facilidad. En la víspera del robo el Joker recibe una terrible noticia; su mujer ha muerto al electrocutarse en la cocina, una cruel broma del destino que se convertirá en su firma como asesino. Llegados a este punto empezamos a ver que el payaso es un personaje realmente complejo, hay un afán terriblemente auto-destructivo en él, quizás ansía que Batman le mate pero este realmente no le odia hasta ese punto, ¿Cómo solucionarlo? Pues haciendo daño al comisario Gordon al que secuestra y humilla hasta la extenuación, y destrozando la vida de su hija. La intensa secuencia del asalto a la casa del comisario es de tal crudeza que, por muchas veces que sea que la leas, siempre te deja un cierto regusto amargo en la boca.

La historia como no tiene una confrontación final entre Batman y su antagonista que nos intenta hacer ver como el odio puede ser muchas veces irracional, porque a pesar de sus muchos enfrentamientos a lo largo de los años, se trata de dos personas que apenas se conocen. La página final fue, y es objeto de gran controversia por la ambigüedad de su significado, cada uno se puede quedar con la versión que prefiera, puede que sea otra de las causas por las que ha perdurado en el tiempo por encima de otras.

Buscando en el baúl de los recuerdos.

La broma asesina ha tenido varias reediciones, ésta es probablemente la más cuidada de todas las que han traducido al castellano, el buen hacer de E.C.C. queda de nuevo patente. Tiene además algunas particularidades muy interesantes como la fantástica introducción de Tim Sale, uno de los artistas, junto a Joseph Loeb, claves para entender el Batman de hoy en día. El proyecto de este tomo su- pone también la vuelta a los lápices, de Brian Bolland, el hombre que le dio al Juez Dredd su momento de mayor esplendor, y uno de los mejores portadistas que haya habido jamás, aquí además de dibujar un pequeño episodio que podría valer como epílogo titulado “Un Tipo Inocente”, le da color a la obra principal, redefiniendo el estilo que debía tener, más frio y tenebroso. Muy bonito, de veras.

Como último apunte reseñar la importancia capital de esta obra, hizo por ejemplo que la serie regular de Batman cambiara de rumbo por completo, el año en que se publica DC lleva a cabo una campaña de marketing para que los lectores decidan si Jason Todd, el se- gundo Robin debe morir, la respuesta fue afirmativa por goleada, ¿y su asesino? El Joker.

“Y es que si no puedes ver el lado divertido de las cosas... ¿Para qué sirve la vida?”
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