23 de marzo de 2014

Beowulf (by El Entrecott)

Hay historias que parece que se podrían contar solas, forman parte de la imaginaria popular desde hace siglos y nos han llegado como susurradas por el viento a través de la tradición oral, son relatos donde se habla de grandes gestas protagonizadas por individuos que llevan al límite los umbrales del sacrificio y el coraje. Por cultura popular, quizás sea “El Cantar del Mío Cid” el poema épico del que más nos acordamos, sea porque a los que fuimos a EGB nos obligaran a estudiarlo, o porque no teníamos otra cosa que hacer una tarde de Domingo cualquiera y nos tragamos la película de Charlton “submachine-gun” Heston.


Sea como fuere, la historia de Beowulf se hizo muy popular en 2007, cuando se estrenó un largometraje de animación de la mano de Robert Zemeckis (con guión de Roger Avary y Neil Gaiman), en España no era una historia muy conocida que digamos. Quizás lo mas parecido que habíamos leído era la increíble translación de “El Anillo de los Nibelungos” de Craig P. Russell, o 300 de Frank Miller, pero eran como gotas en un inmenso océano...

El proyecto de Beowulf se gestó a fuego lento, arrancó hace casi una década, inicialmente los dibujos iban a estar a cargo de Javier Olivares (El Manglar, La Caja Negra), y con el que Santiago García ya había trabajado en la adaptación de Jeckyll y Hyde, pero por razones que no vienen al caso, tras ilustrar 22 páginas del mismo nunca vio la luz. Un día apareció otro autor de singular talento que respondía por el nombre de David Rubín, éste se ofreció a dibujar la obra, y lo quiso hacer partiendo de cero, no quería un Beowulf de Santiago García y David Rubín imitando el estilo de Olivares, así que se empapó tanto del arte de Olivares como de la leyenda, de este modo la rueda comenzó de nuevo a girar...

Beowulf parte de una idea bastante simple, pero no por ello es menos compleja o ambiciosa que otros cómics, gracias a la editorial Astiberri, esta gran obra ha visto por fin la luz. En él se narra la gran epopeya del guerrero enfrentado primero a una bestia feroz: Grendel, y luego, a la madre de éste (que en esta versión es una bestia aún mas parda que su difunto retoño), y años mas tarde, ya en la senectud del protagonista, a otro monstruo que amenaza el país del que ahora es rey. Cada parte de este poema épico nos muestra la evolución del personaje. Primero, como como un joven jactancioso que llega a Dinamarca con su séquito para ayudar a su anciano monarca a librarse de un terrible monstruo que lleva 12 años asolando sus tierras. Al principio los daneses toman a risa al extranjero, pero pronto descubren que se hallan ante un hombre que está hecho de una pasta superior a cualquier otro, uno que es capaz de someter a tan terrible abominación tan solo con sus manos desnudas. Tras los festejos por su gran victoria el horror se vuelve a desencadenar en forma de otra bestia que resulta ser la madre de Grendel, esta vez la batalla es más dura si cabe, Beowulf vuelve triunfante de la misma con la cabeza de su enemigo bajo el brazo...


La segunda parte del poema nos muestra a un Beowulf mucho mayor, han transcurrido 50 años desde aquellas hazañas y ahora él es el rey, con el peso de la corona sobre su cabeza y el de los tristes sucesos que le llevaron a ocupar el trono, tiene que afrontar otro reto para el que quizás ya no esté preparado: un dragón está sembrando el pánico entre la población. Un desafío que Beowulf sí que puede entender y asumir, porque los años de paz le han ido convirtiendo en una de las cosas que más odia: un político.

Es un epílogo grandioso para Beowulf, sabedor que con toda seguridad la empresa le costará la vida. Es el final de una época, de un modo de entender la vida, más simple, más puro, ligado únicamente a valores como la amistad, la lealtad o el coraje. La frase “el monstruo ha muerto” podría bien ser el epitafio del protagonista, o la del final de las grandes leyendas que dan paso a un mundo más racional y despiadado.

Beowulf es el poema épico más largo escrito en lengua anglosajona, a pesar de ello en capaz de concentrar un live motive muy poderoso: vive y muere siendo fiel a ti mismo. Esta es una idea que Santiago García y David Rubín han sabido llevar magníficamente a término, metiéndose en la cabeza el héroe, y mostrando con hechos, (porque es así como habla un auténtico líder) como Beowulf se enfrenta a los peligros siempre de frente, sin temer las consecuencias hasta el amargo final. Y hablando de finales, es muy complicado leerse este cómic y no volver a ojear alguna de sus páginas para alucinar con los detalles de esta o aquella ilustración, hay muchos monstruos, cuervos, gente barbuda... ¡¡¡y monstruos!!! (ah, que eso ya lo había dicho), algunas de las bestias feroces mejor dibujadas que haya visto en mucho tiempo, para mí, a la altura de las mejores de Kirby o Mignola, precisamente con este último parece compartir el gusto por los pequeños insertos a modo de viñeta para centrar la atención del lector en algún pequeño detalle y entonces... ¡¡Zas!! la página explota con una imagen grandiosa.

El formato, de novela gráfica, con grandes páginas, que en principio puede asustar a algunos, pero que favorece mucho estos gigantescos collages, donde Rubín se mueve como pez en el agua. La energía cinética que desprende la narración crea el efecto de en que cualquier momento los personajes van a saltar del papel y te van a escupir en la cara. Otro aspecto decisivo es el tratamiento del color, saturado de rojo sangre cuando el contexto lo requiere, o del verde de las aguas ponzoñosas cuando estamos en una cueva. Me da la impresión de que Rubín entiende perfectamente que el color es un personaje más en la historia, contando mucho más a veces que si pones mil diálogos. Si bien es cierto que David Rubín imprime personalidad a la epopeya, no es menos cierto que se nota la mano de Santiago García, dado a historias con tintes históricos y/o épicos como el Antiguo Testamento, no sabría decir dónde empieza uno y termina el otro.

He leído en muchos sitios que se parece mucho al estilo de Frank Miller, (espero que se refieran al del mejor Miller ) y eso debería ser un halago para el autor, pero creo que tanto Santiago García con su hábil narración, como David Rubín, convertido ya en uno de los grandes de la ilustración, están forjando ya su propia leyenda. Una plagada de fermosas hazañas que acometer y molinos que derribar. Pero no debéis confiaros, aún quedan muchos monstruos que matar.

¡SALVE, BEOWULF!

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