14 de diciembre de 2015

Silences: Halloween´s Special - Parte II (by Nindë)

Soundtrack by
Nanatsu no Taizai - Sin





Lucy, haciendo caso omiso de varias miradas curiosas, continuó atravesando el gentío que abarrotaba el salón, en dirección a un lugar más tranquilo, en donde pudiera retorcer a placer el pescuezo del dragon slayer.

¿¡Cómo podía ser tan descarado!? Reconocía que la inocencia de Natsu lograba crisparle los nervios, ¡pero aquello había sido demasiado! ¿¡Y si ella se hubiese puesto a hacerle carantoñas a Hibiki, de Blue Pegasus, por ejemplo!?

"A lo mejor, le hubiese dado lo mismo, ¿no crees? Nunca antes ha mostrado indicios de celos…"

Lucy quiso espetar un fuerte improperio, ante el apunte de su propio subconsciente. Sin darse cuenta, comprimió con más fuerza el pañuelo del tragafuegos, y aceleró el ritmo. No recordaba haber estado más agitada en toda su vida. Y mira que había vivido momentos tensos. Pero esto… esto era diferente. Tenía un ardor agitándole la boca del estómago, y no era en absoluto placentero. No. la ponía de mala leche. De tanta, que a duras penas se soportaba a sí misma.

—¡Por un demonio, ¿pero qué…?! —intentó espetar un anonadado tragafuegos, viéndose arrastrado, literalmente, por una encendida maga estelar.

Advirtió un par de ojos divertidos clavados en su nuca, e imaginó la mueca burlona que tendría pintada en el rostro el capullo de hielo. Se sintió tentado de darse la vuelta, para destinarle un corte de mangas, pero perdió el hilo de sus pensamientos, después de que casi trastabillase con los bajos del vestido de cierta morena.

Natsu pudo contemplar –no sabía si sus ojos habían actuado con conocimiento de causa, o no– con atención el vaivén de las caderas de la joven enfundada en el vestido rojo. Parecía como si su cuerpo irradiase en oleadas un estrés demoledor, que le ponía los nervios de punta –y, en cierto modo, reconocía que le asustaba un poco–. Lucy se encontraba prisionera de una agitación que no había visto nunca antes en ella. Lo intuía, por la postura tan tensa en su cuello, y en sus hombros, o por la manera errática en la que caminaba sin mirar atrás.

Sabía que estaba en apuros –no era idiota; solo «lento asimilando conceptos», ¿vale?–, y no tenía ni puta idea de porqué. Tal vez, disfrazarse de aquel psicópata, al final, no había sido buena idea. Solo esperaba que ella no quisiese desquitarse con él, desangrándolo hasta morir. Luce nunca le haría eso… ¿verdad?

Parpadeó, confundido, una vez que se dio cuenta de que habían salido a uno de los balcones de la planta superior. Lucy le había soltado del pañuelo, dejándolo con agilidad a un lado. Sin siquiera mirarle, caminó hasta la barandilla de piedra. Tras coger varias bocanadas de aire, apoyó las manos sobre el barandal de piedra. Natsu se mantuvo en observación, tenso y atento ante cualquier cambio en su estado volátil de ánimo. En cierto modo, se sentía muy nervioso, pero no sabía el porqué.

Lucy continuó mirando hacia la lejanía, con la boca fruncida. —De todos los vampiros que podría haber habido en esta fiesta, tenías que ser precisamente  —apuntó con aspereza.
Natsu frunció el ceño, ligeramente fastidiado por el comentario. —¿Te molesta?

La morena se dio la vuelta, y se cruzó de brazos. Natsu desvió la mirada rápidamente a un lado, tras notar como el busto de ella se alzaba, de manera exuberante. Sintió un ligero calorcito en las mejillas.

—Puede.

El dragon slayer volvió a mirarla. —¿Se puede saber qué demonios te ocurre? —cuestionó con acidez— Llevas toda la jodida noche evitándome, y no lo soporto —tensó la mandíbula—. Me molesta.

—¡A mi también me molesta! —espetó ella, descontrolada.

Natsu también se cruzó de brazos, enturbiado ante la imagen que ella le proyectaba. La música de la fiesta se dejaba escuchar de manera distante, y la luz nocturna se alzaba a sus espaldas, dándole una percepción etérea de la maga estelar. A veces, tenía la sensación de que ella se desvanecería, en cuanto la tocase. Cual sombra en la niebla. Y aquella sensación, le encabronaba a más no poder, porque en cierto modo, tenía la percepción de que Luce era igual de volátil que una efímera ilusión.

Los colmillos de Natsu sobresalieron de su boca. —¡Si tienes algún problema, sólo dímelo! —afirmó cabreado.

Los ojos de la morena se encendieron en desasosiego. —¡Tú nunca te enteras de nada, para no variar! —afirmó disgustada— ¡A lo mejor, si me pongo a prestar atención a la efusiva galantería de Hibiki en frente de tus narices, empiezas a comprender!

Las mandíbulas de Natsu chascaron en seco, a la vez que la vena del cuello y la frente comenzaban a hinchársele. —¿Hibiki, de Blue Pegasus? —frunció el ceño con gravedad— ¿Por qué prestarías interés a las atenciones de ese idiota? Con suerte, un día se atragantará con su propia arrogancia.

Lucy dio un paso al frente, y mantuvo el contacto visual en todo momento. —¿Te molestaría?

—¿Debería? —siseó él.

La joven morena se llevó una mano al rostro, empezando a cansarse. —No has contestado a mi pregunta —declaró, adusta.

—Tú tampoco.

La maga estelar suspiró con profundidad, a la vez que los nervios le retorcían las entrañas sin piedad. Envidió de malas maneras, y por primera vez en toda su vida, la férrea entereza del tragafuegos. Ella no era tonta. Sin embargo, parecía que ninguno estaba dispuesto a dar su brazo a torcer. Tal vez, se habían presionado demasiado. Apretó la mano en un puño. Había sido una mala idea sacarle de allí. No tendría que haber hecho caso a Levy. Debería arrojarle de nuevo, y sin contemplaciones, a las zarpas de aquella bruja felina.

—He escogido este disfraz, porque pensé que sería divertido. Pero parece que me he equivocado.

Lucy boqueó, sorprendida, y enfocó su vista nuevamente sobre Natsu. Tras unos segundos, volvía a lucir tan fresco como una lechuga. No obstante, algo oculto en su extraña sonrisa la perturbó al punto del recelo.

El tragafuegos se rascó los cabellos, un poco confuso aun, pero se acercó hasta la barandilla de piedra. No le pasó desapercibido, en ningún momento, el sutil respingo que dio el cuerpo de ella ante su cercanía, pero hizo caso omiso. —¿Puedes aclararme algo? —entrecruzó los dedos, aun enfundados en los guantes blancos, y apoyó los brazos en la piedra— Ese tío, el vampiro —aclaró— ¿llegó a interesarse finalmente por la mujer, o no? no lo entendí del todo —comentó con tenue ingenuidad.

Lucy suspiró con profundidad, y por primera vez en la noche, su cuerpo se relajó ligeramente. No fue consciente de que había esbozado una pequeña sonrisa. Sin pensarlo, adoptó la misma postura que el dragon slayer, y reposó también los brazos. —Esa es una buena pregunta —coincidió, pero arqueó una ceja, suspicaz—. ¿Conoces la obra? —cuestionó con sorna.

Natsu esbozó una sonrisa jocosa. —Pregunté a Levy —contestó con simpleza.

Lucy puso los ojos en blanco. —Por qué no me sorprende… —musitó por lo bajini—. La lacri-película, a diferencia de la obra literaria, suscitó gran controversia —Natsu se mantuvo en silencio, dirigiéndole toda su atención—. En la obra, el Conde utiliza a la joven Mina como un simple medio para su venganza. De manera implacable y despiadada, si he de ser sincera. Sin embargo, en la lacri-película, si muestra interés real por ella —frunció la boca, mostrando su disconformidad—. Nunca me gustó el final.

Natsu esperó, pero su curiosidad fue mayor. —¿Por qué?

La joven maga estelar fijó su atención en una luciérnaga juguetona, que revoloteaba vivaracha frente a ellos. —Creo que el Conde decidió por ella. Temía, en cierta forma, que el simple hecho de permitir que ella estuviese con él, la arrastrase también a su mismo sufrimiento. No permitió que ella le acompañase. Supongo que la quería demasiado, como para condenarla —dedujo con melancolía.

El tragafuegos volvió a mirar al frente. —Eso puedo entenderlo.

La morena abrió la boca para protestar, pero guardó silencio ante la mirada perdida en la lejanía del dragon slayer. Durante un instante, la sensación de haberle caído un cubo de agua fría cabeza abajo, la consumió por completo. Los labios le temblaron, y se obligó a fruncirlos para no espetar una blasfemia.

—¿Por qué dices eso? —musitó.

Natsu se tomó unos segundos en silencio, antes de responder. —Porque yo me decantaría por la misma elección. Al fin y al cabo, en parte yo también soy un monstruo —Lucy ahogó un jadeo angustiado—. No permitiría, ni por un instante, que alguien importante para mí pasase por lo mismo. Aunque lo decidiese por voluntad propia—volvió a mirarla de manera intensa, inclinándose hacia ella—. Jamás lo permitiría.

La fuerza de sus palabras provocó que las rodillas de Lucy comenzasen a temblar. Apretó un puño, intentando reprimir a duras penas las ganas de cruzarle la cara de un bofetón. La joven maga estelar sabía que ese tema era demasiado escabroso. Por eso, nadie nunca había pronunciado una palabra al respecto, después de que todo terminase. No por el hecho de recelar, sino porque temían las heridas que eso levantaría sobre el dragon slayer. Cerró los ojos, intentando calmarse. Haciendo caso omiso de las miles de advertencias que le habían llovido por parte de muchos, Lucy había apostado todo a favor del tragafuegos. Incluyendo toda su magia. En un intento desesperado, había ligado su propia magia con la de él, consiguiendo encerrar de nuevo su forma Etherias. No sabían muy bien qué había ocurrido, pero eran conscientes de que sus magias habían quedado ligadas, en cierto modo, a un nivel de profundidad que aun no eran capaces de comprender del todo. Las sentían. Surgían como leves destellos, cada vez que se encontraban en la misma habitación. Y parecía que nadie, excepto ellos dos, era capaz de verlo.

—Tú no eres él —soltó agriamente.

—Somos la misma persona —declaró él con sencillez.

—¡No os parecéis ni en el blanco de los ojos! —espetó ella, en un ademán furioso.

—Casi acabo contigo —masculló entre dientes, mirándola con fuerza— ¿lo has olvidado? —desvió la mirada hasta su hombro, reconociendo con gravedad la cicatriz que atravesaba su piel.

—No lo hiciste —rebatió con firmeza.

El dragon slayer lució incordiado ante su tozudez. —No deberías jugar con fuegoMina —siseó, acercándose a su rostro, al punto de rozar su nariz con la de ella.

—Tú lo empezaste, dejándote acosar por la bruja gatuna —susurró nerviosa, y con la mirada clavada en su boca perfilada. Su aliento casi hacía arder su piel.

Natsu arqueó una ceja, comenzando a esbozar una sonrisa macabra. Cuando la maga estelar cayó en la cuenta de lo que acababa de soltar, se llevó rápidamente la mano la boca. Demasiado tarde. Un sonrojo furioso comenzó a treparle por las mejillas, y sucumbiendo al pánico, dio un paso hacia atrás, mirando desesperada las enredaderas que serpenteaban por las paredes.

"¡Salta y sujétate, maldita bocazas, con suerte, podremos deslizarnos hasta el suelo!"

Tragó en seco, sintiéndose acorralada. ¡Como podía llegar a ser tan inocente! ¡Se había dejado llevar, y al final, había soltado a los cuatro vientos el motivo por el cual se había agitado hasta el punto de la perturbación! ¡Quería morir! ¡Una muerte rápida e indolora, por Mavis! con suerte, si le suplicaba mucho a Laxus, podía terminar utilizándola de pararrayos. Con el cuerpo temblándole por los nervios, quiso darse la vuelta, en dirección a la enredadera más cercana al balcón. Como se descuidara, terminaría desnucándose, ¡pero prefería eso mil millones de veces, que enfrentarse en ese momento a Natsu Draconil!

Sin embargo, una mano, que desprendía un sutil calor, le agarró con firmeza de un brazo, evitando que se moviera a ninguna parte.

—¿A dónde vas? —cuestionó aquella maldita voz divertida a sus espaldas— ¿Es que pretendes saltar?

Lucy no se volteó para mirarle. Sentía las mejillas tan calientes, que entrarían de un momento a otro en combustión. —Tú déjame, y verás —farfulló temblorosa.

Natsu rió sutilmente con socarronería. —Ahora si entiendo un poco mejor.

Un gruñido contenido proveniente de la maga estelar, se dejó oír con levedad, incitando que la boca del tragafuegos se mantuviese curvada.

—¿Por qué no me lo has dicho desde un primer momento?

—¿El qué? —cuestionó ella, contenida.

—Que te molestaba que ella estuviese conmigo —aclaró divertido.

La morena se obligó a contener un puñetazo. —¡Yo no he dicho eso! —espetó lívida, volviéndose para mirarle.

—No ha hecho falta.

Algo dentro del pecho de Lucy se expandió con violencia. Los ojos oscuros de Natsu brillaban intensos, conteniendo algo que no alcanzaba a comprender del todo. O puede que sí lo entendiese. Puede que incluso fuese lo mismo que retenían los suyos. Cuando quiso darse cuenta, respiraba de manera agitada. La pared había quedado a su espalda, y los brazos de Natsu se mantenían alrededor suya, dejándola cautiva y prisionera contra él.

—¿Sabes qué? —cuestionó al aire— Creo que los disfraces que has escogido, son perfectos para nosotros.

Lucy sintió como su cerebro sufría un cortocircuito. Estaba segura de que después de aquella noche, no volvería a ser capaz de pronunciar dos palabras seguidas con coherencia. Contra todo pronóstico, su cuerpo se negaba a huir o defenderse de la cercanía a la que el tragafuegos estaba sometiéndola. Era todo lo contrario. Lo quería más cerca. Igual que tenía su magia bajo la piel. Estaba segura de que parte de su ardor, se le había adherido a las venas.

—Yo solo escogí el mío —se defendió débilmente, con los sentidos embotados por completo—. Tú has hecho lo que te ha dado la gana, para no variar.

Natsu sonrió de manera perversa. —Vamos, Luce, en el fondo sabías que lo averiguaría.

Ella no contestó. Se limitó a sentir como el pulso le rebotaba desaforado, y como el dragon slayer hundía la nariz en su cuello, para inhalar con fuerza el aroma que desprendía, igual que si quisiese tatuárselo.

—Hay algo que no fui capaz de decirte en aquella ocasión —musitó contra su cuello.

La maga estelar parpadeó varias veces, aturdida. Sin embargo, supo de lo que le estaba hablando. Aquella en la que ella, desoyendo toda advertencia, se había lanzado contra él en su forma etherias, y había liberado su magia al punto de la insensatez. El fuego de él, y la calidez de ella, habían chocado de manera irracional, sumiéndolo todo en la más absoluta locura.

El tragafuegos volvió a mirarla de manera intensa. —En realidad, las estrellas solo son visibles en la oscuridad —divagó.

Ella tragó en seco, incapaz de hablar. En sus palabras, sentía su absoluta y completa devoción por ella. El corazón le retumbaba en el pecho, loco por completo. Era igual que lo que sentía por él. Un amor completamente irracional e incontrolable. El mismo que él sentía por ella.

Lucy no alcanzó a escuchar lo que él dijo a continuación, puesto que una ola de agitación la arrasó por completo. Su boca había caído sobre la de ella, y su brazo había rodeado su cintura con el único objetivo de aplastarla contra él. Con suspiros entrecortados, él continuó probando de su boca, cual nómada buscando agua en un desierto. Porque atrapada en su espiral de agitación, el tragafuegos la había arrinconado contra la pared, dispuesto a no dejarla salir de allí durante un buen rato. En realidad, ella no podría escaparse nunca de él. Ya era demasiado tarde.

—Estoy completamente de acuerdo.

Ni Fairy Tail ni sus personajes me pertenecen, puesto que pertenecen a Hiro Mashima. Esta historia está hecha sin fines lucrativos.
Las imágenes contenidas en esta publicación son propiedad de sus respectivos autores.
Las posibles modificaciones de las mismas, han sido realizadas en base a la historia de la misma y sin ánimo comercial o de lucro.

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